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El oro irá el 21 de agosto para quien haya hecho la cola más corta

El oro irá el 21 de agosto para quien haya hecho la cola más corta

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10 agosto, 2016
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Río 2016: El apocalipsis de los recortes de gastos

El ajuste incluyó desde la cancelación de proyectos de capacitación a la flota de vehículo o el espacio de algunas salas, como la de la ITF.

ÍO DE JANEIRO.- Hay apocalipsis y apocalipsis. No todos son iguales ni tienen las mismas consecuencias. El de ayer en Río 2016 duró diez minutos: se desató a las 10.38, arrasó con decenas de miles de bañistas ya definitiva y erróneamente convencidos de que el invierno era verano, echó del agua a la legión de surfistas y complicó y postergó múltiples competencias a lo largo de todos los Juegos. Pero eso fue todo: un tremendo golpe de viento que llegó desde el mar y desde el Sur para transformar en cuestión de minutos el falso verano carioca en decidido otoño.

Y hay otro apocalipsis, silencioso, que data ya de meses, aunque sus efectos recién comenzaron a hacerse sentir con el inicio de los Juegos Olímpicos, y que ya puso de mal humor a mucha, pero mucha gente: el apocalipsis del recorte de gastos. No es un golpe de viento, es un invierno sostenido.

El gran recorte llegó en octubre, cuando el comité organizador se vio obligado a ahorrar un diez por ciento de su presupuesto, medida a la que siguió el recorte de 70.000 voluntarios -la cantidad prevista inicialmente- a 50.000. También se cortó la flota de vehículos, que pasó de 5000 a 4000.

“Necesitamos organizar Juegos que sean económicamente sustentables. No hay más espacio para gastos excesivos”, dijo por entonces el director de comunicación de Río 2016, Mario Andrada. Para cumplir con el recorte general del 10 por ciento, algunos departamentos debieron gastar un 30 por ciento menos de lo previsto. No sorprende entonces que en múltiples situaciones se advierta que los detalles de terminación en instalaciones y organización brillan por su ausencia.

Llamativamente, el comité organizador aseguró a LA NACION que lo que se anunció hace meses -los recortes- en realidad no sucedió: “No hubo recortes en el presupuesto. Lo que se hace periódicamente es ajustar la línea de gastos para asegurarse de que no supere lo presupuestado y no haya desvíos”.

Sean recortes o ajustes de la línea de gastos, lo cierto es que se están haciendo sentir sobre espectadores y periodistas, ya que la prioridad fue preservar el nivel de servicio a los deportistas. Así, World Rugby, la federación internacional del deporte de la ovalada, se encontró con que el lounge que quería armar para sus invitados especiales se reducía de 500 a poco más de 300 metros cuadrados. Así, la Federación Internacional de Tenis (ITF) se vio obligada a bajar la capacidad de su sala de prensa, que pasó de 300 a 150 personas. Incluso se le bajó el pulgar al pedido de tener un lugar donde los cientos de periodistas que cubren a diario a Rafael Nadal, Novak Djokovic o Serena Williams pudieran comprar comida caliente. “No, sólo chocolates”, fue la respuesta del comité organizador de Río 2016.

Los periodistas sobrevivirán, es su trabajo. Más importante es la forma en que los recortes afectan a espectadores que pagaron mucho dinero para poder disfrutar de los Juegos. En muchos momentos difícilmente coincidan con la estrofa de Gilberto Gil rescatada el viernes por Carlos Nuzman en la ceremonia inaugural: “El mejor lugar del mundo es aquí y ahora”.

Una de las consecuencias del recorte de gastos fue la reducción o directamente cancelación de los programas de capacitación de la gente que trabaja en las posiciones más primarias, aunque vitales, de los Juegos. Así, el espectador se encuentra inerme, muchas veces no sabe para dónde ir ni por dónde entrar, porque ante su pregunta recibirá tantas variantes de respuesta como interlocutores se cruce. Y si decide hacer una pausa para comer, estará sumándose involuntariamente al vigésimo noveno deporte de los Juegos: el oro irá el 21 de agosto para quien haya hecho la cola más corta. Buena suerte. Fuente: Sebastián Fest LA NACION  8 DE AGOSTO 2016